MUNICIPIO SAN FELIPE.

De Cerritos de Cocorote a San Felipe.

En la parte baja del valle de Yaracuy se levanta San Felipe, capital del Estado Yaracuy. Originalmente el sitio estuvo poblado por comunidades caquetíos, con su extinción se inicia la formación de los pueblos, uno de ellos San Jerónimo de Cocorote, de allí salieron unas familias para formar el pueblo de 'Cerritos de Cocorote', destruido en tres (3) oportunidades por las autoridades de Nueva Segovia de Barquisimeto.

El pueblo fue reconstruido por sus habitantes y con la ayuda de los misioneros solicitaron al Rey de España Felipe V, que lo elevara a la categoría de ciudad. La Petición fue atendida y el 06 de noviembre de 1729 se firma la Cédula Real que lo independiza de Barquisimeto.

Dos años mas tarde se instala en la Ciudad de San Felipe 'El Fuerte' su ayuntamiento y comienza una vida próspera que culmina con el terremoto de 1812, para posteriormente ser construida en otro lugar.

De aquella pequeña Ciudad, hoy la encontramos conformada por barrios y urbanizaciones, con un hermoso paraqué decretado ‘Patrimonio Histórico de la Nación’, allí se encuentran los testimonio de la Ciudad de ‘San Felipe el Fuerte’ y al norte el recreacional ‘Leonor Bernabó’.

San Felipe es una Ciudad en transición, en ella se conjugan lo tradicional y lo contemporáneo, conservando la memoria que nos impulsa a seguir adelante, tal como lo hicieron los habitantes de ‘Cerritos de Cocorote’ y de ‘San Felipe El Fuerte’.

Fuente: Tríptico Conmemoración de los 277 años de la Creación de la Ciudad de San Felipe.

 

DE DÓNDE Y POR QUÉ LAS TRES LLAVES
Manuel Trujillo. Archivo Histórico de la CGR.

¿De dónde procede ese símbolo de las tres llaves?... El primer libro de la Real Hacienda de la provincia de Venezuela data del 29 de abril de 1529 y se inicia con un asiento "de lo recaudado de Juan de Ampíes y su gente al tiempo que el Gobernador Micer Ambrosio desembarcó en esta tierra". Dos meses después del arribo de la primera expedición de los Belzares, capitaneada por el Gobernador Ambrosio Alfínger, se llevan a cabo en Coro los registros de las cuentas de la Real Hacienda, a cargo de un Tesorero, un Contador y un Factor y Veedor. Las funciones de estos tres Oficiales Reales eran reglamentadas por la Cédula instrucción promulgada por Juana la Loca el 17 de febrero de 1531. En la Cédula se precisaba que los Oficiales Reales estaban en la obligación de depositar en un Arca "todo el oro y las perlas que... pertenecieran al Rey". El Arca tenía tres llaves con tres cerraduras diferentes, correspondiendo a cada Oficial una de las llaves.

Se advertía que nadie podía sacar "ningún oro, ni perla, ni moneda" del Arca sin la concurrencia y presencia de los Tres Oficiales Reales. De esa manera se evitaba el fraude y el manejo doloso.

Los Oficiales Reales, además, llevaban en un libro las cuentas por separado las cuales eran trasladadas posteriormente a un Libro Común y General. Y nada podía colocarse o extraerse del Arca si antes no se registraba en el susodicho libro, a presencia del Gobernador.

Existía otro libro intitulado Libro de Acuerdos, donde se asentaba todo lo tocante a Hacienda que acordaran los Oficiales Reales. El libro permanecía en poder del Tesorero.

Como puede observarse, al unísono de las tres llaves, había tres libros; el Particular de cada uno de los Oficiales Reales: el Común y General y el Libro de Acuerdos.

Estaba totalmente prohibido a los Oficiales Reales (el Tesorero, el Contador y el Factor y Veedor), en tiempo alguno tratar o contratar por sí o en compañía de otros "con maravedís ni otras cosas", directa ni indirectamente, en público o en secreto, so pena de incurrir en la multa de cien mil maravedís por cada vez que lo hicieren. Tampoco podían cambiar de residencia sin una licencia especial, y cuando tuvieren necesidad de ausentarse del pueblo debía ser por causa justa, necesaria y aprobada por la justicia.

Se ordenaba un tanteo general de las cuentas semestralmente, y los Oficiales Reales debían enviar el resultado de la Corte en el primer navío que zarpara con destino a España. El cuño con el cual se marcaba el oro tenía que depositarse en el Arca de las tres llaves, y para sacarlo se requería la presencia y el consentimiento pleno de los tres Oficiales Reales. Se recomendaba que en el Acta debía permanecer un libro copiador de Oficios, donde se anotaba la correspondencia enviada por la Corte y las respuestas a esos despachos.

La Real Cédula del 17 de febrero de 1531 constituye el documento revelador del esmero y la vigilancia de España en el control y manejo de la administración de sus posesiones de ultramar. Es, en realidad, el antecedente histórico, de sus obvias diferencias, de lo que hoy es y representa la Contraloría General de la República. De allí, precisamente, el símbolo de las tres llaves.

Fuente: http://www.cgr.gov.ve/in_historia.html